Semana 8
Arranqué desconfiado, para qué te voy a mentir. Las primeras semanas no sentía nada y estuve a punto de largar. Pero seguí, y por la semana 6 me di cuenta que me agachaba a atarme los cordones sin hacer el paso previo de siempre. Ahora en la 8 me levanto y la rodilla no me avisa que existe. Eso para mí ya no tiene precio.






